Actividades para niños menores de cinco años

Si te gusta divertirte y jugar, estás actividades tal vez constituyan para ti una fuente de nuevas ideas. Si, por el contrario, no te sientes bien jugando con tu hijo, entonces es posible que no te haya llegado el momento, pues si te fuerzas a hacerlo, tu hijo no tardará en percibir tu extrañeza o ansiedad, o el tono incómodo de tu voz. De todas maneras, en caso de que se te dé bien el juego y el contacto, pronto comprobarás si estás actividades son apropiadas para tu hijo por medio de sus gritos de emoción o de sus gritos de "¡Otra vez, otra vez!".

1.- Juega al escondite o al "¿Dónde está?"

Cúbrele el rostro al bebé con una tela y di "¿Dónde está el bebé?". Cuando él retire la tela o lo hagas tú, exclama "¡Ahí está!". Los niños mayores, incluso de más de ocho años, siguen encontrándole la gracia a versiones un poco más sofisticadas del "¿Dónde este niño? ¿Ha visto alguien a Rodrigo o a Mauricio?". A veces, les encanta que hagas sugerencias absurdas. "Vamos a ver si está en el cajón (y miras dentro del cajón)", "¿Estará debajo de los juguetes? (y levantas algunos juguetes para buscarlo)" o "Seguro que se ha escondido en la maceta (y buscas en la maceta)". Acaba con un "Hola" entusiasta y dí: "¡Mira donde estabas!". Estos juegos suelen provocar gritos de alegría en los niños y constantes peticiones de seguir jugando.

2.- Pon en práctica actividades cara a cara.

El contacto cara a cara ayuda a intensificar los vínculos entre padres e hijos y requiere que te sientes en el suelo frente al niño. Resulta muy aconsejable para niños de cinco años y, en especial, en caso de que nunca antes tu hijo haya vivido una experiencia así. Por ejemplo: Futbol con pelota blanda. Coloca una pelota pequeña y blanda sobre un cojín que esté situado entre ustedes. Delimita la portería de cada uno y a marcar goles. Otro ejemplo consiste en pegarse estampitas el uno al otro, en nariz, codos, dedos, pancita.

3.- Prueba a probar a los forcejeos y luchitas

Los forcejeos y las luchitas son juegos ruidosos que transportan a los pequeños a estados de intensa alegría y suelen dar lugar a risas y a gritos de placer. Iniciarás este tipo de juegos con tu hijo cuando le hagas cosquillas en la pancita, le lances ala aire, le hagas girar alrededor de ti o permitir que él se ponga encima de ti y finge que se están peleando.