Los tres primeros meses del bebé: adaptándose al mundo

Los tres primeros meses son un tiempo verdaderamente emocionante para los padres. Los recien nacidos responden a su ambiente y crecen en respuesta a él. Aprenden cómo adaptarse al mundo; es decir, están haciendo la transición de la vida del útero a la vida del mundo exterior. 

Se ha demostrado que gran parte de las acciones que realizan los bebés después del parto son actos reflejos, es decir, no se trata de movimientos conscientes, sino de acciones automáticas que ejecutan como consecuencia de un estímulo del medio.

A medida que el bebé va creciendo, estos actos involuntarios tienden a disminuir. De hecho, el primer acto controlado que indica el comienzo del dominio muscular se da a finales del primer mes cuando empiezan a levantar la cabeza. Aunque tienen muy poca experiencia de la vida, es sorprendentemente competente. Está equipado de muchas maneras para aprender acerca del mundo y, desde el momento de su nacimiento, empieza a conocer. Durante esta época el bebé depende por completo de la madre. Dado que se encuentra en un periodo de desarrollo acelerado, necesita dormir mucho. Son hipersensibles, en extremo; demorarse en satisfacer cualquiera de sus necesidades básicas como comer o cambiarle el pañal, puede ocasionar mucha irritabilidad.

Se sabe que un bebé puede reaccionar a los ruidos, a la luz y al tacto en el vientre materno, así que ya no resulta tan sorprendente que al nacer los sentidos -oído, vista y tacto- estén desarrollados y activos. Los bebés pueden ver al nacer, aunque no en detalle. Aún no han adquirido la capacidad de enfocar los dos ojos sobre un mismo objeto ni la percepción de profundidad. Tampoco poseen la coordinación ojo-mano.

La teoría del desarrollo del cerebro por circuitos considera que una de las primeras dimensiones que éste construye es la de las emociones. Comenzando de los dos meses, la satisfacción y la frustración experimentadas evolucionan y se convierten en sentimientos más complejos, como la felicidad y la tristeza; la envidia y la empatía; el orgullo y la verguenza. Al nacer los bebés pueden mover sus extremidades en una forma torpe e incontrolada. Durante los próximos cuatro años el bebé crea las conexiones y refina los circuitos para alcanzar, agarrar, sentarse, gatear, caminar y correr.