Por qué los niños hacen berrinches a partir de los dos años.

Cuando mi primer hijo cumplió los los 2 años, me vi frente a una criatura que dejaba de ser relativamente pasiva, listo para gritar, llorar y patalear cuando no complacía todos sus deseos. Había días en los que sólo quería comer en un plato de cierto color, otros en los que simplemente no quería comer. Recuerdo que a veces pedía ver la tele o el ipad a la hora de ir dormir, y cuando le decía que no, empezaba a tirar sus juguetes, a llorar desesperadamente y se tiraba al piso. También recuerdo que había ocasiones en las que no quería meterse a bañar, y cuando lo hacia no quería salir.

Situaciones como estás son parte de la rutina de muchos padres, cuyos hijos; igual que el mio, se aproximan a los 2 años de edad, una fase conocida como "la adolescencia de los bebés". Y te explicare cuál es el motivo de ello.

Los padres, que estamos acostumbrados a un bebé que acepta casi todo pasivamente, ahora estamos frente a un niño con voluntad propia, listo para hacer un berrinche sino cumplimos con sus deseos.

La buena noticia es que no sólo es normal, sino una parte crucial de su desarrollo. Y lo aprendido a esta edad ayudará a moldear cómo lidiará con sus sentimientos en la vida adulta.

La segunda buena noticia es que existen muchas maneras inteligentes de lidiar con estos comportamientos, siempre y cuando los padres se armen de  estrategias y mucha paciencia.

Te compartimos ocho consejos prácticos para que aprendas como manejarte en estas situaciones diarias. Pero antes indaguemos qué ocurre antes de los 2 años.

Incapaz de ejercer el autocontrol.

Es una fase en la que el niño hace descubrimientos increíbles y gana una enorme capacidad de interacción. Pero las áreas de autocontrol en su cerebro aún no se han desarrollado. Un día come una comida y dice que le encanta, al día siguiente se niega a comerla y dice que no le gusta.

Lo más importante es que los padres entiendan que ese niño es simplemente incapaz de controlar sus emociones. Ese entendimiento los ayudará a ver la situación de forma más constructiva, y no pensar en que se trata de un desafío (a su autoridad). 

No sirve solamente decirle que se calme porque su cerebro es incapaz de responder a esa instrucción. Depende del adulto el ayudarlo a poner sus sentimientos en palabras y manejarlos. El niño comienza a darse cuenta de que no es una extensión de sus padres, sino una persona con sus propios deseos. Y a esos nuevos deseos se suma una intensa frustracción acompañada de llanto.

Esta maduración del control emocional en el cerebro perdura hasta alrededor de los 20 años, pero la fase más critica de esta "adolescencia de los bebés" se acaba a esos de los 4 años, cuando el niño aumenta su repertorio para expresarse y hacerse entender.

Si como padres nos dejamos llevar por la rabia y castigamos a nuestros hijos, las situaciones tienden a salirse de control. Si en lugar de eso actuamos con calma y empatía, ofreciéndole estrategias al niño, él aprenderá herramientas para lidiar con sus emociones, algo que le ayudará en la vida adulta.

A continuación los 5 consejos que te ayudarán a lidiar con los berrinches propios de esa etapa.

1 - Cuando el niño golpea

Cuando se los contradice, muchos niños de un año y medio o más, golpean a sus padres. Como no pueden expresar su frustración en palabras o calmarse, recurren a una respuesta física. 

Consideramos importante explicarle lo que está sintiendo y darle herramientas para que se pueda expresar. "Sé que estas enojado, pero nosotros no comemos dulce a esta hora del día. Cuando estés triste, golpea este tambor en vez de pegarle a alguien, o muerde este juguete en vez de morder a mamá', por ejemplo"

Al repetir eso varias veces, el niño comenzará a entender sus sentimientos y qué recursos tiene para administrarlos.

2 -  Calma en el momento del berrinche

Los berrinches, sobre todo en lugares público, son desconcertantes. Pero nosotros no siempre somos capaces de controlar cómo nuestros hijos van a reaccionar, pero sí podemos controlar nuestras propias reacciones.

Y mantenerse en calma y no elevar el tono de voz ayuda a que no crezca la tensión. Sólo recuerda que tu hijo no está tratando de hacerte pasar un mal momento a propósito, simplemente no puede manejar la situación. Tu trabajo no es castigarlo, sino tener empatía, validar sus emociones, guiarlo y mantener la calma. Deja que la gente piense lo que quiera.

3 - Límites

Mantener la calma no significa ceder a los deseos del niño.

"Si cedo, no voy a fortalecer su resistencia ni enseñarle a lidiar con su frustración". Hay que decir no cuando es necesario y aceptar su frustración.

4 - Dale al niño la posibilidad de escoger

Para prevenir las batallas cotidianas y evitar que el niño controle la rutina familiar, procura darle opciones a tu pequeño que se muere por ejercitar su recién descubierta autonomía.

"La idea es darle siempre dos opciones y marcar los límites". Por ejemplo, en el caso de los juguetes desparramados por toda la casa: 'Tienes dos opciones: puedes guardar los juguetes o no. Si los guardas, muy bien. Si no, mamá y papá tendrán que perder tiempo haciéndolo, y entonces podremos leerte un libro menos a la hora de dormir'.

5 - Ni palmadas, ni gritos, ni chantajes.

Los especialistas consultados por la BBC dicen que una nalgadita no ayuda en el proceso educativo crucial en esa etapa.

Recuerda que la violencia tiende a hacer que los niños se vuelvan más furiosos y desafiantes y los padres más castigadores, creando un círculo vicioso. Lo mismo ocurre con las agresiones verbales.

"Es mejor sostener una conversación firme en la que los padres den una buena razón para decir no".

Los niños tienden a retraerse frente a una palmada o un grito. "Pero es por miedo, no por haber aprendido a controlar sus sentimientos".

Los chantajes tienen el mismo efecto adverso: el niño aprende a comportarse de una manera para recibir un dulce, pero no porque hayan aprendido el valor de un comportamiento.